Seamos sinceros: ¿cuántas veces has cogido un folleto de publicidad del limpiaparabrisas de tu coche en el parking del Zoco y lo has tirado a la papelera sin mirar? O peor, ¿cuántos «flyers» de comida a domicilio tienes acumulados en el cajón de los trastos? Esa publicidad «a granel» ya no funciona en Córdoba. Estamos en 2026, y si quieres que el vecino de la acera de enfrente se acuerde de ti, tienes que entrar en su bandeja de entrada, pero no de cualquier manera, sino pidiendo paso con educación y aportando algo que valga la pena.
El email marketing para un pequeño comercio no va de enviar «spam» a lo loco. Va de ser ese amigo que te avisa cuando llega el género bueno a la tienda o cuando hay un evento en el barrio que no te puedes perder.
¿Email marketing para mi tienda? Pues sí, y te cuento por qué
A veces pensamos que el correo electrónico es cosa de grandes empresas como Amazon o El Corte Inglés. Nada más lejos de la realidad. Precisamente porque eres un negocio local (ya sea una zapatería en la calle Concepción o un centro de estética en el Tablero), tienes una ventaja que ellos no tienen: la cercanía real.
El email te permite hablarle a tu cliente sin el ruido de las redes sociales. En Instagram, tu publicación compite con fotos de gatitos, memes y las vacaciones de los amigos. En el email, estás tú solo con tu cliente. Es como si lo invitaras a pasar a la trastienda a tomarse un café y charlar sobre lo que tienes nuevo. Además, es un canal que tú controlas. Si mañana Facebook decide cambiar el algoritmo (otra vez), tus correos seguirán llegando.

El mostrador digital: Qué escribir para que no te manden a la papelera
El error número uno es enviar solo ofertas. «¡Descuento del 10%!», «¡Compra ya!». Aburrido. Si quieres que un cordobés abra tu correo, tienes que darle «chicha».
Imagínate que tienes una vinoteca. En lugar de mandar un correo con una lista de precios, manda uno que diga: «Los 3 vinos de Montilla-Moriles que mejor van con el flamenquín de este domingo«. Eso es aportar valor. Estás resolviendo un problema (qué beber) y además estás barriendo para casa.
Ideas de contenido local:
- Consejos de experto: Si eres una floristería, enseña cómo cuidar los geranios para que aguanten el solazo de agosto en Córdoba.
- Historias del barrio: Cuéntale a tus clientes una anécdota de cuando abriste la tienda o preséntales al nuevo empleado que se ha incorporado.
- Primicias: «A mis suscriptores os aviso 24 horas antes: mañana sacamos la colección de comuniones».
Cómo conseguir correos sin que parezca que estás pasando una encuesta del INE
El gran reto es: ¿de dónde saco los correos? No los compres, por favor. Eso es como intentar entrar en una casa sin que te inviten: vas a acabar mal. La lista se construye poco a poco, con paciencia y salero.
En el mostrador de tu tienda, puedes tener un código QR bonito o una libreta de las de toda la vida. Pero no pidas el correo «por la cara». Ofrece algo a cambio. «Déjanos tu email y te enviamos nuestra guía de los mejores rincones para fotografiar en Córdoba» o «Únete a nuestro club y el día de San Rafael te mandamos un regalo sorpresa».

La segmentación: No le hables igual a todo el mundo
No todos tus clientes son iguales, y tratarlos como un bloque es un error. Si tienes una tienda de deportes, no le mandes el mismo correo al que busca zapatillas de running que al que busca palas de pádel.
En tu lista, puedes anotar pequeños detalles (esto en marketing lo llamamos etiquetas, pero tú llámalo «conocer a tu gente»). Si sabes que a un grupo de clientes les encantan los productos ecológicos, mándales un correo especial cuando te llegue una partida nueva. Esa personalización es la que hace que el cliente diga: «Mira, se acuerdan de lo que me gusta».
Herramientas fáciles para no volverte loco (y que son gratis o baratas)
En 2026 no hace falta ser un ingeniero de la NASA para hacer email marketing. Hay herramientas como MailerLite, Brevo o Mailchimp que son muy intuitivas. Tienen plantillas que solo tienes que «arrastrar y soltar».
Lo importante no es que el diseño sea una obra de arte digna del Museo de Bellas Artes, sino que se lea bien en el móvil. La mayoría de nosotros leemos el correo mientras esperamos el autobús en Colón o mientras nos tomamos el café a media mañana. Mucho texto, fotos que pesan un quintal o botones que no se pueden pulsar con el dedo son los enemigos número uno.
El ritmo: Ni tanto ni tan poco
¿Cada cuánto escribir? Ni tan poco que se olviden de que existes, ni tanto que parezcas ese ex pesado que no para de mandar mensajes. Para un negocio local en Córdoba, una vez a la semana o incluso cada quince días es un ritmo estupendo.
Lo ideal es que sea siempre el mismo día. «El boletín de los viernes de Sotelo» (por poner un ejemplo). Así, el cliente ya sabe que llega el finde y que en su correo tiene tus recomendaciones o tus ofertas.
La ley de protección de datos (sin dramas)
Sé que esto suena a papeleo aburrido, pero es fundamental. Tienes que cumplir el RGPD. Básicamente es: pide permiso claro, explica para qué quieres el correo y pon siempre un enlace fácil para que se borren si quieren. Ser transparente genera confianza, y la confianza es la base de cualquier venta en nuestra ciudad.

